...cómo para ver la puesta del sol cuarenta y tres veces?
Esto definitivamente no es mío -ya quisiera yo, ;p. Es de Antoine de Saint-Exupery. A ver si lo reconocen.
¡Ah, pequeño príncipe! Así, poco a poco, fui comprendiendo tu sosegada vida melancólica. Durante mucho tiempo, tu única distracción se había reducido a la suavidad de las puestas del sol. Me enteré de este nuevo detalle el cuarto día por la mañana, cuando me dijiste:
-Me gustan las puestas del sol. Vamos a ver una puesta de sol...
-Pero tenemos que esperar...
-¿Esperar a qué?
-Esperar a que se ponga el sol.
Al principio pareciste muy sorprendido y luego te reíste de ti mismo. Y me dijiste:
-¡Siempre me creo en mi tierra!
En efecto. Cuando es mediodía en Estados Unidos, el sol, como todo el mundo sabe, se pone en Francia. Bastaría poder ir a Francia en un minuto para asistir a la puesta del sol. Por desgracia, Francia queda muy lejos. Pero a ti, en tu pequeño planeta, te bastaba correr tu silla unos pasos. y mirabas el crespúsculo siempre que te aptecía...
-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!
Y un poco más tarde añadías:
-Sabes... cuando uno se encuentra tan triste, gustan las puestas del sol...
-¿Tan triste estabas el día de las cuarenta y tres veces?
Pero el principito no respondió.
Y yo, en estos momentos, quisiera ver la puesta del sol cuarenta y tres veces.
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